No soy yo precisamente el adalid del actual sistema político. No creo yo que la democracia sea ni de lejos perfecta, y tengo claro que las mayorías no necesariamente son sabias, ni mucho menos. Pero hoy por hoy, echando un vistazo alrededor y viendo lo que hay, considero que vivir en una democracia parlamentaria es, en términos generales, la mejor situación posible.
Y para mí, vivir en una democracia incluye disfrutar de sus posibilidades, como la libertad de expresión o el derecho de reunión, pero también participar de sus estructuras y procedimientos. Lo uno sin lo otro no tiene sentido. Aprovecharse de las ventajas que ofrece para situarse fuera de ella y contra ella es algo que han venido haciendo durante décadas gente tan simpática como los asesinos terroristas de ETA que cuando eran detenidos denunciaban sistemáticamente a sus captores por torturas y malos tratos.
Así pues, no me parece ético aprovecharse de las ventajas de nuestro sistema para cargar anónimamente contra él y tratar de imponer una idea única sin someterse al escudriño de las urnas.
Nuestros políticos, a los que mayoritariamente no admiro, tienen no obstante en su haber la valentía de dar la cara. La cara dura, seguramente, pero la cara a fin de cuentas, a expensas de que en cualquier momento alguien se la pueda partir. Necesitan plantear un ideario y una estrategia, normalmente de una forma vaga y ambigua, pero suficiente como para que la gente les escoja a ellos y no al rival. Y si luego no cumplen con lo prometido nos conceden al menos el desagravio de poder llamarlos mentirosos y sinvergüenzas, y poco más.
A todos los partidarios de la democracia que hoy se manifestarán en persona o en espíritu en Madrid, les preguntaría yo que de qué clase de democracia son partidarios, si de la que se vota en las urnas, o de la que se impone con demostraciones de fuerza.
Hace menos de un año en España hubo unas elecciones y todo el que quiso pudo expresar su opinión a favor o en contra del gobierno y de los poderes establecidos. Salvo un pequeño porcentaje de gente que voto a partidos minoritarios, la inmensa mayoría o no se molestó en votar, o votó a los de siempre (PP, PSOE, IU, CiU, etc.). Para mí eso es la expresión genuina de que los ciudadanos mandamos y tenemos lo que queremos. Así que ¿a qué viene ahora tanto cuento reivindicativo y tanta pamplina?
Lo que yo veo es que unos cuantos ciudadanos, puede que unos pocos o decenas de miles, van a intentar erogarse la representatividad de toda la nación para tratar de imponer de forma anónima unos postulados muy concretos y muy orientados hacia políticas muy de izquierdas (intervencionistas, libertarios, ácratas, sindicalistas y proteccionistas) contra cualquier expresión liberal o conservadora, por muy avalada que esté por millones de ciudadanos que se han tomado la molestia de votar.
Habrá quien de verdad se lo tome en serio, habrá quien aproveche para echar unas risas, y por desgracia, es lógico pensar que, aprovechando el barullo, los cabestros de siempre, los macarras de siempre, los cobardes de siempre, intenten armar de las suyas y empeorar aún más la situación de todos.
Pues no, a mi no me representan, y las leyes me amparan para que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado adopten todas las medidas que legalmente tengan en su mano para evitar que quienes voluntariamente se sitúan fuera del sistema democrático, atenten contra las instituciones constitucionalmente establecidas, bien sean los órganos de representatividad, la propiedad privada o la seguridad y el orden público.
Y a todos los instigadores de este tipo de movimientos, les diría que sean valientes, que den la cara y que defiendan sus ideas a cara descubierta y en las urnas, y que intenten ser capaces de poner en orden toda esa amalgama de idearios que tanto circulan por estos ambientes, les pongan nombre y apellidos, y traten de conseguir que la mayoría los conozca, los comprenda y los apoye, y entonces, que entren al congreso y se sienten dentro como miembros de pleno derecho.
Tuesday, September 25, 2012
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