Desconozco cuántos inocentes pagaron con su vida el ataque, mezcla de miedo y venganza, que Herodes ordenó ejecutar contra los bebés de Belén para intentar librarse del Niño Dios, pero en España deberíamos empezar a replantearnos la conveniencia de cambiar la fecha de la conmemoración de tan trágico suceso, pasándola del 28 de diciembre al 26 de septiembre, porque sin duda, la nueva ley cuyo proyecto ha aprobado el Consejo de Ministros en dicha fecha, dejará un número muy superior de inocentes en el camino.
Según este (des)gobierno progresista, el progreso debe tratarse ir librándose paulatinamente del lastre que supone para el ser humano el respeto al esfuerzo, al trabajo, a la familia y ahora también, a la vida de los inocentes. Dios nos asista.
Monday, September 28, 2009
Friday, September 25, 2009
La paja en el ojo ajeno.
Cada día me siento menos esperanzado en el mundo. Esto pinta mal. Muy mal. Y los que se suponen que nos deberían sacar del lío son incapaces de la más mínima autocrítica, y claro, a base de echar balones fuera, poco vamos a conseguir.
El G20 se ha reunido en Estados Unidos y ha establecido las bases para la reforma del sistema financiero mundial, con el objeto de evitar que se repitan desmoronamientos en cadena como el que desde hace un par de años nos ha venido sumiendo en esta tremenda crisis de hoy en día. Los asesores de los presidentes y los ministros de economía de los principales factores económicos mundiales se han pasado meses devanándose los sesos tratando de encontrar las fórmulas más adecuadas para asegurar un equilibrio duradero. ¿Y a qué han llegado?
Pues han llegado a los consabidos lugares comunes sobre la necesidad de armonizar políticas encaminadas a un desarrollo sostenible y duradero, que huya de los fuertes vaivenes de la economía, tanto al alza como a la baja. Se comprometen a convertir el G20 en el Foro de referencia para la cooperación económica, en el que darán cabida a los países emergentes para potenciar su desarrollo.
También acuerdan revisar y sincronizar sus políticas energéticas, apoyando el desarrollo de las energías limpias, la transparencia y estabilidad de los mercados, encaminándose hacia un desarrollo más sostenible y "más verde".
Se emplazan para dos nuevas reuniones en 2010. Dos nuevos circos, uno en Canadá en junio y otro en Korea en noviembre.
Todo vaguedad y todo inconcreción y corrección política. La salsa de ZP.
Pero acuerdan algo más. Cito textualmente el prólogo de la declaración final de la cumbre:
"Acordamos asegurarnos de que nuestros sistemas regulatorios para bancos y otras empresas financieras ejerzan un estricto control sobre los excesos que llevaron a la crisis. Donde los comportamientos temerarios y la falta de responsabilidad condujeron a la crisis, no permitiremos un regreso a los mismos modelos de banca"
Yo no me he leído la declaración entera, pero si hacemos caso a la prensa, esto significa en una primera instancia, el acuerdo para limitar los bonus de los directivos de las grandes empresas financieras. Es decir, los banqueros son los culpables de la crisis y lo van a pagar. Ese es el mensaje que parecen querer hacer llegar a la opinión pública, los altos mandatarios mundiales.
En la nota publicada por el G20 no se hace ni una mínima mención a las posibles decisiones políticas equivocadas que se hayan podido tomar, ni a la connivencia del poder político con los tejemanejes de esos directivos de las empresas financieras, que inundaron el mundo de créditos fáciles, hinchando el precio de las cosas sin respaldarse en un valor real.
Según la nota, el G20 nos va a sacar de la crisis porque sólo ellos van a poder tomar todas las medidas necesarias, y porque todas serán las correctas.
Yo no quiero decir que la banca no haya tenido parte de culpa, pero la banca participa en un juego cuyas reglas definen los políticos. La banca hizo su negocio con su dinero, y los políticos vivieron al rebufo de la aparente prosperidad sin decir ni pío. Posteriormente los políticos fueron los que tomaron la decisión de respaldar con dinero público (dinero de todos) a las grandes corporaciones, haciendonos pagar por las malas, la falsa abundancia de la que disfrutamos en el pasado. A fin de cuentas, eso es redistribuir riqueza. Unos viven por encima de sus posibilidades, y luego lo pagamos entre todos.
A la banca nadie la podrá acusar de engañar a nadie. Hay que ser muy inocente para pensar que un banco o una caja de ahorros te concede un crédito para hacerte un favor en un momento complicado. Los bancos son empresas enfocadas en ganar pasta, que prestan un servicio a cambio de una retribución, que cotizan en bolsa y que presentan públicamente sus cuentas año a año. Los políticos sin embargo pretenden hacerse pasar por servidores y sufridos funcionarios. Abnegados defensores del bien público que renuncian a su propio futuro por el bien de un país, y que tienen la mala costumbre de presentar un presupuesto al inicio del ejercicio, pero no justifican su incumplimiento al final del mismo. Hay que ser igualmente inocente para creérselo, pero es lo que nos pretenden vender.
Cuando un parado podía acudir a una oficina de un banco y pedir un crédito para ir de vacaciones a América, o pagar una televisión de plasma de tropecientas pulgadas en 36 plazos sin interés y sin ningún aval, nadie se quejaba de los bancos. Mucha gente sin apenas oficio ni beneficio se lanzaba a consumir a todo trapo. Ahora, a los que entonces procuraban ahorrar e invertir, les toca pagar aquellos excesos.
Y los políticos que entonces se enorgullecían del crecimiento de sus países al albur del creciente endeudamiento, sin atreverse a introducir ninguna limitación en aquel momento, no fuera a ser que los votantes no lo entendiesen y decidiesen votar a otro, y que ahora endosan a los asalariados la rémora de tener que pagar todo aquel dispendio, esos políticos digo, son los que ahora cargan las tintas contra los bancos.
Y yo me pregunto, si hay que limitar los bonus de los directivos, ¿qué tenemos que hacer con los de los políticos? Si se quiere que los bancos implementen medidas para recuperar los bonus pagados a sus directivos en caso de que su gestión sea dañina para el resto de agentes o el sistema en su conjunto, ¿qué debemos hacer para asegurarnos de que los políticos respondan de los efectos de sus decisiones populistas y cortoplacistas, encaminadas al único fin que contemplan que no va más allá de las próximas elecciones?
La cumbre del G20 pues, servirá una vez más para poca cosa. Unas cuantas fotos, muchas sonrisas entre los participantes, un poco de jaleo en el exterior, y mañana a seguir igual, que entre bomberos, ya se sabe qué no hay que hacer con las mangueras...
El G20 se ha reunido en Estados Unidos y ha establecido las bases para la reforma del sistema financiero mundial, con el objeto de evitar que se repitan desmoronamientos en cadena como el que desde hace un par de años nos ha venido sumiendo en esta tremenda crisis de hoy en día. Los asesores de los presidentes y los ministros de economía de los principales factores económicos mundiales se han pasado meses devanándose los sesos tratando de encontrar las fórmulas más adecuadas para asegurar un equilibrio duradero. ¿Y a qué han llegado?
Pues han llegado a los consabidos lugares comunes sobre la necesidad de armonizar políticas encaminadas a un desarrollo sostenible y duradero, que huya de los fuertes vaivenes de la economía, tanto al alza como a la baja. Se comprometen a convertir el G20 en el Foro de referencia para la cooperación económica, en el que darán cabida a los países emergentes para potenciar su desarrollo.
También acuerdan revisar y sincronizar sus políticas energéticas, apoyando el desarrollo de las energías limpias, la transparencia y estabilidad de los mercados, encaminándose hacia un desarrollo más sostenible y "más verde".
Se emplazan para dos nuevas reuniones en 2010. Dos nuevos circos, uno en Canadá en junio y otro en Korea en noviembre.
Todo vaguedad y todo inconcreción y corrección política. La salsa de ZP.
Pero acuerdan algo más. Cito textualmente el prólogo de la declaración final de la cumbre:
"Acordamos asegurarnos de que nuestros sistemas regulatorios para bancos y otras empresas financieras ejerzan un estricto control sobre los excesos que llevaron a la crisis. Donde los comportamientos temerarios y la falta de responsabilidad condujeron a la crisis, no permitiremos un regreso a los mismos modelos de banca"
Yo no me he leído la declaración entera, pero si hacemos caso a la prensa, esto significa en una primera instancia, el acuerdo para limitar los bonus de los directivos de las grandes empresas financieras. Es decir, los banqueros son los culpables de la crisis y lo van a pagar. Ese es el mensaje que parecen querer hacer llegar a la opinión pública, los altos mandatarios mundiales.
En la nota publicada por el G20 no se hace ni una mínima mención a las posibles decisiones políticas equivocadas que se hayan podido tomar, ni a la connivencia del poder político con los tejemanejes de esos directivos de las empresas financieras, que inundaron el mundo de créditos fáciles, hinchando el precio de las cosas sin respaldarse en un valor real.
Según la nota, el G20 nos va a sacar de la crisis porque sólo ellos van a poder tomar todas las medidas necesarias, y porque todas serán las correctas.
Yo no quiero decir que la banca no haya tenido parte de culpa, pero la banca participa en un juego cuyas reglas definen los políticos. La banca hizo su negocio con su dinero, y los políticos vivieron al rebufo de la aparente prosperidad sin decir ni pío. Posteriormente los políticos fueron los que tomaron la decisión de respaldar con dinero público (dinero de todos) a las grandes corporaciones, haciendonos pagar por las malas, la falsa abundancia de la que disfrutamos en el pasado. A fin de cuentas, eso es redistribuir riqueza. Unos viven por encima de sus posibilidades, y luego lo pagamos entre todos.
A la banca nadie la podrá acusar de engañar a nadie. Hay que ser muy inocente para pensar que un banco o una caja de ahorros te concede un crédito para hacerte un favor en un momento complicado. Los bancos son empresas enfocadas en ganar pasta, que prestan un servicio a cambio de una retribución, que cotizan en bolsa y que presentan públicamente sus cuentas año a año. Los políticos sin embargo pretenden hacerse pasar por servidores y sufridos funcionarios. Abnegados defensores del bien público que renuncian a su propio futuro por el bien de un país, y que tienen la mala costumbre de presentar un presupuesto al inicio del ejercicio, pero no justifican su incumplimiento al final del mismo. Hay que ser igualmente inocente para creérselo, pero es lo que nos pretenden vender.
Cuando un parado podía acudir a una oficina de un banco y pedir un crédito para ir de vacaciones a América, o pagar una televisión de plasma de tropecientas pulgadas en 36 plazos sin interés y sin ningún aval, nadie se quejaba de los bancos. Mucha gente sin apenas oficio ni beneficio se lanzaba a consumir a todo trapo. Ahora, a los que entonces procuraban ahorrar e invertir, les toca pagar aquellos excesos.
Y los políticos que entonces se enorgullecían del crecimiento de sus países al albur del creciente endeudamiento, sin atreverse a introducir ninguna limitación en aquel momento, no fuera a ser que los votantes no lo entendiesen y decidiesen votar a otro, y que ahora endosan a los asalariados la rémora de tener que pagar todo aquel dispendio, esos políticos digo, son los que ahora cargan las tintas contra los bancos.
Y yo me pregunto, si hay que limitar los bonus de los directivos, ¿qué tenemos que hacer con los de los políticos? Si se quiere que los bancos implementen medidas para recuperar los bonus pagados a sus directivos en caso de que su gestión sea dañina para el resto de agentes o el sistema en su conjunto, ¿qué debemos hacer para asegurarnos de que los políticos respondan de los efectos de sus decisiones populistas y cortoplacistas, encaminadas al único fin que contemplan que no va más allá de las próximas elecciones?
La cumbre del G20 pues, servirá una vez más para poca cosa. Unas cuantas fotos, muchas sonrisas entre los participantes, un poco de jaleo en el exterior, y mañana a seguir igual, que entre bomberos, ya se sabe qué no hay que hacer con las mangueras...
Tuesday, September 15, 2009
Dos noticias
Hoy dos noticias me han llamado la atención.
Por un lado las declaraciones del ministro de deportes de las que se hace eco El País. Según el diario, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha asegurado hoy que una "mayoría" de la sociedad acepta la subida de impuestos, porque son "ciudadanos solidarios que saben y que están de acuerdo en hacer un pequeño esfuerzo" en este momento de crisis.
Me parece una vergüenza que un presidente del gobierno, en el senado, realice unas declaraciones tan gratuitamente tendenciosas.
Primero afirma que una mayoría de los ciudadanos están de acuerdo con la subida de impuestos anunciada. Desconozco sus fuentes. Entiendo que siendo como es, presidente del gobierno con ínfulas de líder planetario, podrá encargar a cargo del erario público cualquier encuesta que le plazca, pero en ese caso, debería compartir con los demás sus datos. En caso contrario, para mi esa afirmación vale tanto como la mía cuando digo que casi todo el mundo está que trina con la subida de impuestos, por muy presidente y ministro de deportes que sea él.
Pero lo segundo es lo que más me revienta. Dice que están de acuerdo con él los que entienden que, en estos tiempos de crisis, hay que hacer un pequeño esfuerzo, que son los ciudadanos solidarios. En otras palabras, que los que no estén de acuerdo con él, no son más que unos egoístas insensibles y avariciosos, porque los solidarios le dan la razón.
Y digo yo, ¿este presidente que tenemos, no contempla la posibilidad de que existan ciudadanos que desde la responsabilidad social, cuestionen la subida de impuestos como única medida posible e irremediable para compensar el incremento del gasto público que esta crisis ocasiona para poder seguir manteniendo las garantías sociales que todos los españoles disfrutamos y mayoritariamente defendemos?
Este es el típico ejemplo de retórica socialista, que tan bien se les da, y con la que se pretenden apropiar de la idea del bien. “Si estás de acuerdo conmigo eres bueno. No hay otra opción”
Pues señor ZP, yo le digo que existen otras formas. Que usted debe ser el primero en practicar la solidaridad, pero no a base de dilapidar dadivosamente nuestro dinero para mayor gloria suya, sino haciendo que sea productivo. Es usted un manipulador y un demagogo. Y si niega la posibilidad de la discrepancia, es además usted un tirano y un dictador frustrado. ¡¡A mi no me venga usted a dar lecciones de solidaridad!!
La segunda es que UPyD, el partido de Rosa Díez, propone al padre de Mari Luz Cortés que lidere la lista de su partido a la alcaldía de Huelva.
No digo que este señor no tenga todos los atributos necesarios para poder ser un gran alcalde. Sin conocerle nada más que por la entereza y el temple que mantuvo en momentos tan trágicos como los que le tocaron vivir, ya creo que vale más que muchos alcaldes actuales.
Pero este anuncio no deja de tener un tufillo populista que asusta. Además, me entero en la misma noticia, que este señor también ha publicado un libro.
Es una sensación contradictoria. No niego que este hombre tenga mucho que hacer y que decir, pero si un perturbado no hubiese acabado con la vida de su hija, probablemente no sería más que un pastor evangelista de una barriada obrera de Huelva, dando sermones a sus compadres gitanos y no le importaría a nadie. Por tanto, la conclusión que tengo que sacar es que, en realidad, UPyD y el editor que haya publicado su libro no pretenden más que aprovecharse del tirón mediático que este hombre tiene entre los ciudadanos que por empatía se solidarizan con su sufrimiento en este país, apoyen o no la subida de impuestos de ZP. Es decir, que la sensación que me queda es que lo están utilizando en su beneficio propio, lo que me parece deleznable.
Pero, por otro lado, si este señor es capaz de utilizar esas plataformas para lograr hacer oír su voz (algo tan sumamente difícil) y conseguir algo en lo que crea, ¿por qué no tolerar que lo utilicen? Bien visto, él a su vez, estaría utilizando a su editor y a UPyD, lo que no me parece nada criticable (quien roba a un ladrón…).
En definitiva, sentimientos contradictorios. El tiempo dirá.
Por un lado las declaraciones del ministro de deportes de las que se hace eco El País. Según el diario, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha asegurado hoy que una "mayoría" de la sociedad acepta la subida de impuestos, porque son "ciudadanos solidarios que saben y que están de acuerdo en hacer un pequeño esfuerzo" en este momento de crisis.
Me parece una vergüenza que un presidente del gobierno, en el senado, realice unas declaraciones tan gratuitamente tendenciosas.
Primero afirma que una mayoría de los ciudadanos están de acuerdo con la subida de impuestos anunciada. Desconozco sus fuentes. Entiendo que siendo como es, presidente del gobierno con ínfulas de líder planetario, podrá encargar a cargo del erario público cualquier encuesta que le plazca, pero en ese caso, debería compartir con los demás sus datos. En caso contrario, para mi esa afirmación vale tanto como la mía cuando digo que casi todo el mundo está que trina con la subida de impuestos, por muy presidente y ministro de deportes que sea él.
Pero lo segundo es lo que más me revienta. Dice que están de acuerdo con él los que entienden que, en estos tiempos de crisis, hay que hacer un pequeño esfuerzo, que son los ciudadanos solidarios. En otras palabras, que los que no estén de acuerdo con él, no son más que unos egoístas insensibles y avariciosos, porque los solidarios le dan la razón.
Y digo yo, ¿este presidente que tenemos, no contempla la posibilidad de que existan ciudadanos que desde la responsabilidad social, cuestionen la subida de impuestos como única medida posible e irremediable para compensar el incremento del gasto público que esta crisis ocasiona para poder seguir manteniendo las garantías sociales que todos los españoles disfrutamos y mayoritariamente defendemos?
Este es el típico ejemplo de retórica socialista, que tan bien se les da, y con la que se pretenden apropiar de la idea del bien. “Si estás de acuerdo conmigo eres bueno. No hay otra opción”
Pues señor ZP, yo le digo que existen otras formas. Que usted debe ser el primero en practicar la solidaridad, pero no a base de dilapidar dadivosamente nuestro dinero para mayor gloria suya, sino haciendo que sea productivo. Es usted un manipulador y un demagogo. Y si niega la posibilidad de la discrepancia, es además usted un tirano y un dictador frustrado. ¡¡A mi no me venga usted a dar lecciones de solidaridad!!
La segunda es que UPyD, el partido de Rosa Díez, propone al padre de Mari Luz Cortés que lidere la lista de su partido a la alcaldía de Huelva.
No digo que este señor no tenga todos los atributos necesarios para poder ser un gran alcalde. Sin conocerle nada más que por la entereza y el temple que mantuvo en momentos tan trágicos como los que le tocaron vivir, ya creo que vale más que muchos alcaldes actuales.
Pero este anuncio no deja de tener un tufillo populista que asusta. Además, me entero en la misma noticia, que este señor también ha publicado un libro.
Es una sensación contradictoria. No niego que este hombre tenga mucho que hacer y que decir, pero si un perturbado no hubiese acabado con la vida de su hija, probablemente no sería más que un pastor evangelista de una barriada obrera de Huelva, dando sermones a sus compadres gitanos y no le importaría a nadie. Por tanto, la conclusión que tengo que sacar es que, en realidad, UPyD y el editor que haya publicado su libro no pretenden más que aprovecharse del tirón mediático que este hombre tiene entre los ciudadanos que por empatía se solidarizan con su sufrimiento en este país, apoyen o no la subida de impuestos de ZP. Es decir, que la sensación que me queda es que lo están utilizando en su beneficio propio, lo que me parece deleznable.
Pero, por otro lado, si este señor es capaz de utilizar esas plataformas para lograr hacer oír su voz (algo tan sumamente difícil) y conseguir algo en lo que crea, ¿por qué no tolerar que lo utilicen? Bien visto, él a su vez, estaría utilizando a su editor y a UPyD, lo que no me parece nada criticable (quien roba a un ladrón…).
En definitiva, sentimientos contradictorios. El tiempo dirá.
Monday, September 07, 2009
¡Ya está!
Ya está. Ya no puedo aguantar más. Es tal el cabreo que tengo, que no me queda otra que volver a escribir algo a ver si me centro.
Como botón de muestra de la clase de noticias que causan mi zozobra, añado a continuación el vínculo a una de ellas, publicada hoy en El País, sobre unas declaraciones de José Blanco, Ministro de Fomento, sobre el tema de la posible reforma fiscal contra la que el gobierno nos viene vacunando desde el regreso de las vacaciones.
Artículo de El País
La estrategia del gobierno es clara, en este tema como en tantos otros; se levanta la liebre a través de los apóstoles de ZP, que de forma paulatina meten el tema en la conversación de todos los españoles, pero sin decir nada concreto. Dejan que nos vayamos planteando las posibles alternativas, los distintos escenarios, y que nos hartemos a discutir sobre el tema. Mientras tanto, la oposición, en su afán desmedido por demostrar su empatía con el pueblo doliente, se lanza también a criticar “las medidas anunciadas por el gobierno”, sin darse cuenta de que el gobierno, en realidad, no ha anunciado ninguna medida, por lo que de nuevo los apóstoles, con la impecable técnica de judokas retóricos cinturón negro que tan profusamente atesoran, aprovechan toda la energía del empellón de la oposición, para devolverles un golpe, si cabe, más fuerte aún que el que no recibieron.
Así, entre regates y collejas, entre dimes y diretes, el tiempo va pasando y el pueblo se va cansando de objetar en vano. Porque no se puede objetar lo que no existe, y hasta el momento, lo único que existe son referencias más o menos explícitas, y a menudo contradictorias en función de quién las haga, a posibles directrices futuras. Nada exacto, nada concreto, nada objetivo.
Pero en este punto, cuando el ciudadano de a pie ya está cansado de dar palos de ciego, es cuando algún apóstol desde la esquina de algún periódico, lanza una nueva bomba para distraer la atención generando un nuevo debate, y al amparo de la bulla creciente, el gobierno aprovecha para poner los puntos sobre las íes y definir ya sin presión, la ley que más le convenga, sabiendo de que los españoles no podemos pensar en muchos temas a la vez, por lo que si estamos ocupados con el nuevo debate, y aburridos del anterior, ya nada de lo que hagan va a influir mucho en lo que pensemos.
Así está pasando con esto de la reforma fiscal y la subida de impuestos. Que si va a subirse esto o aquello, que si va a servir para cubrir los gastos de la gripe, que si tenemos mucho margen porque la presión fiscal (otro día aclararemos ese concepto) es baja, etc.
Una de las cosas que más me cabreó fue escuchar a Blanco decir que los españoles que tienen las rentas más altas, tendrían que ser solidarios y apretarse un poco el cinturón para ayudar a los que menos tienen en estos momentos de crisis. ¡Vamos, que o aceptas de buen grado pagar más impuestos, o eres un egoísta insolidario!
Hay muchas cosas que podría escribir sobre lo de la redistribución de la riqueza y las políticas sociales y sus beneficiarios. Y desgraciadamente no todas buenas. Pero como tengo que centrarme en algo me centraré en la responsabilidad del administrador. Sea europeo, estatal, autonómico o municipal.
Los políticos hacen las cosas con el dinero que sale del trabajo y la audacia de los ciudadanos. Son nuestro trabajo y nuestra audacia los que logran que las empresas produzcan y que puedan pagar salarios y rentas con los que se puedan adquirir los productos que las empresas producen con nuestro trabajo y audacia. De todo ello el Estado (en genérico) se lleva una parte. Y de lo que queda limpio al final, se lleva otra mayor. Si nosotros no trabajamos, la máquina se para. Los políticos, los Estados (en genérico) no producen nada. Son un mero gasto.
Toda esa riqueza, fruto de nuestro esfuerzo, que el Estado se lleva porque sí, es administrada por unos señores que cobran por ello. Estos señores, que técnicamente nosotros escogemos cada cuatro años para representarnos (aunque los tengamos que escoger por lotes que necesariamente incluyen algún chollo, pero también forros de aúpa), toman decisiones en nuestro nombre y deciden qué es lo mejor que se puede hacer con ella. Estos señores adquieren el compromiso de servirnos y trabajar por nuestro bien. Ostentan el poder para poder ejercer el gobierno.
Pero resulta que esos señores, en realidad, a quien sirven es a unas organizaciones cuya único objetivo es conseguir poner a sus miembros en situación de ostentar el poder, con lo cual faltan a su compromiso de servirnos y velar por nuestros intereses. A quién se deben, en realidad, es a su partido. A tal punto llega la cosa que, a la hora de elegir la mejor opción para el pueblo que les ha nombrado sus representantes, estos señores escogen obligatoriamente la opción que su organización les indica. No votan como personas, sino como parte de una masa uniforme con nombre de partido político. En caso contrario se ven normalmente obligados a prescindir de los cargos para los que, técnicamente, el pueblo les ha escogido, y de la oportunidad de volver a ejercerlos en el futuro.
Como decía, estos señores toman decisiones que nos afectan en nuestras cosas más íntimas, limitan nuestra libertad, nos fijan responsabilidades y deberes que debemos aceptar so pena de cárcel. En definitiva, pintan nuestro futuro.
Su posición, y su acceso al poder, suponen una tentación tan importante para muchos de ellos, que terminan faltando deliberadamente a su compromiso y actuando únicamente en su propio beneficio de forma ilícita. Estos son unos corruptos, unos delincuentes dolosos y, cuando de vez en cuando son descubiertos, se ven abocados al código penal.
Pero en todas las ocasiones, estos señores, los políticos, toman decisiones de hondo calado, que pueden ocasionar serias consecuencias a quienes dependen de ellas, hasta el punto de condicionar el desarrollo económico de un país durante generaciones. Ellos son quienes definen materias tan sensibles como el nivel educativo de una generación entera, quienes deben asegurar la asistencia sanitaria y social futura, quienes deben apoyar el desarrollo de las comarcas, quienes deben facilitar el desarrollo empresarial y el acceso a los mercados, quienes deben asegurar el valor de la moneda, etc. Eso obliga a tomar decisiones que no siempre son las más inmediatas y por tanto son contraproducentes a los intereses de las organizaciones que los mantienen en sus cargos, y eso lleva a que no siempre se tomen las decisiones adecuadas.
¿Qué ocurre en esos casos? ¿Qué ocurre cuando un político lo hace mal? ¿Cuándo se equivoca?
Si un profesional se equivoca debe responder de las consecuencias. Los médicos responden personalmente de los errores que cometen en los quirófanos. Los ingenieros van a la cárcel si se les cae una presa. Los conductores de un autobús que se estrella lo pagan, si la causa ha sido su distracción. ¿Pero de qué errores responde un político?
Normalmente su única responsabilidad termina en las siguientes elecciones, en las que, si lo ha hecho rematadamente mal, puede que no lo vuelvan a elegir y entonces se marche a su casa con una pensión vitalicia, o se coloque de asesor de algún empresario agradecido, o se dedique a dar conferencias subvencionadas. Y cuánto más importante sea el político, y en mayor disposición de cargarse un país esté, menores son las consecuencias que sus errores le reportan.
Un político puede arruinar un país o una ciudad, y marcharse a su casa tan tranquilo. Puede tomar decisiones concretas, que afecten a personas concretas causándoles un perjuicio, porque lo peor que le sucederá será que un juez obligará al organismo que represente a pagar una indemnización, que se abonará con dinero procedente de las arcas públicas. Es decir, con dinero de los propios afectados.
Un político puede poner el dinero en arreglar un despacho en vez de en iluminar un cruce, porque nunca le afectará que en ese cruce mañana atropellen a alguien.
Un político puede decidir subvencionar una película que nadie va a ver, en vez de comprar una máquina de rayos X para que los ciudadanos que pagan impuestos de una comarca entera no tengan que desplazarse kilómetros para hacerse una radiografía, porque a él lo seguirán invitando a las galas y a las premieres, y el ciudadano va a seguir pagando impuestos.
Es imposible que esto vaya a cambiar, porque los únicos que podrían hacerlo son los propios políticos. Y en estas cosas no hay colores. Son todos iguales, independientemente del partido, de la Administración que representen, o de la geografía que ocupen. Ellos no van a tirarse piedras contra su propio tejado.
La única forma que existe para revertir esta tendencia es conseguir que la gente lea, se informe, tenga su propia opinión razonada de forma independiente. Y darle después la opción de participar directamente en las decisiones que le afecten. Devolver verdaderamente el poder al pueblo.
Yo creo que quienes deben tomar una decisión son los que saben del tema. Si quiero enterarme de si la presión fiscal es realmente elevada en España, le pregunto a varios economistas, no a un sargento de la Guardia Civil. Y si necesito una opinión sobre mi estado de salud, voy a un médico, no a una pescadería.
Estoy convencido de que los colectivos profesionales pueden aportar mucho al gobierno de un país, pero no a través de sus órganos de representación, que seguramente estén plagados también de políticos, sino a través de la consulta y la participación directa. Hoy en día las tecnologías permiten certificar la identidad de las personas a distancia, y comunicarse de forma inmediata con cualquier persona. ¿Por qué los políticos no se dejan asesorar por lo que entienden? ¿Por qué no se implica más a los técnicos?
Desde luego esto es sólo un concepto. No es una solución definitiva, porque la verdad absoluta no existe o no se puede distinguir, y todo es opinable. Pero estoy seguro de que sería un paso adelante en muchos temas, y que, al menos, la sociedad estaría un poco más ilusionada si le preguntasen sobre lo que sabe y le importa.
Hay otras cuestiones en el artículo que me hubiese gustado comentar, pero al final ha salido esto, y creo que ya es lo suficientemente largo.
Como botón de muestra de la clase de noticias que causan mi zozobra, añado a continuación el vínculo a una de ellas, publicada hoy en El País, sobre unas declaraciones de José Blanco, Ministro de Fomento, sobre el tema de la posible reforma fiscal contra la que el gobierno nos viene vacunando desde el regreso de las vacaciones.
Artículo de El País
La estrategia del gobierno es clara, en este tema como en tantos otros; se levanta la liebre a través de los apóstoles de ZP, que de forma paulatina meten el tema en la conversación de todos los españoles, pero sin decir nada concreto. Dejan que nos vayamos planteando las posibles alternativas, los distintos escenarios, y que nos hartemos a discutir sobre el tema. Mientras tanto, la oposición, en su afán desmedido por demostrar su empatía con el pueblo doliente, se lanza también a criticar “las medidas anunciadas por el gobierno”, sin darse cuenta de que el gobierno, en realidad, no ha anunciado ninguna medida, por lo que de nuevo los apóstoles, con la impecable técnica de judokas retóricos cinturón negro que tan profusamente atesoran, aprovechan toda la energía del empellón de la oposición, para devolverles un golpe, si cabe, más fuerte aún que el que no recibieron.
Así, entre regates y collejas, entre dimes y diretes, el tiempo va pasando y el pueblo se va cansando de objetar en vano. Porque no se puede objetar lo que no existe, y hasta el momento, lo único que existe son referencias más o menos explícitas, y a menudo contradictorias en función de quién las haga, a posibles directrices futuras. Nada exacto, nada concreto, nada objetivo.
Pero en este punto, cuando el ciudadano de a pie ya está cansado de dar palos de ciego, es cuando algún apóstol desde la esquina de algún periódico, lanza una nueva bomba para distraer la atención generando un nuevo debate, y al amparo de la bulla creciente, el gobierno aprovecha para poner los puntos sobre las íes y definir ya sin presión, la ley que más le convenga, sabiendo de que los españoles no podemos pensar en muchos temas a la vez, por lo que si estamos ocupados con el nuevo debate, y aburridos del anterior, ya nada de lo que hagan va a influir mucho en lo que pensemos.
Así está pasando con esto de la reforma fiscal y la subida de impuestos. Que si va a subirse esto o aquello, que si va a servir para cubrir los gastos de la gripe, que si tenemos mucho margen porque la presión fiscal (otro día aclararemos ese concepto) es baja, etc.
Una de las cosas que más me cabreó fue escuchar a Blanco decir que los españoles que tienen las rentas más altas, tendrían que ser solidarios y apretarse un poco el cinturón para ayudar a los que menos tienen en estos momentos de crisis. ¡Vamos, que o aceptas de buen grado pagar más impuestos, o eres un egoísta insolidario!
Hay muchas cosas que podría escribir sobre lo de la redistribución de la riqueza y las políticas sociales y sus beneficiarios. Y desgraciadamente no todas buenas. Pero como tengo que centrarme en algo me centraré en la responsabilidad del administrador. Sea europeo, estatal, autonómico o municipal.
Los políticos hacen las cosas con el dinero que sale del trabajo y la audacia de los ciudadanos. Son nuestro trabajo y nuestra audacia los que logran que las empresas produzcan y que puedan pagar salarios y rentas con los que se puedan adquirir los productos que las empresas producen con nuestro trabajo y audacia. De todo ello el Estado (en genérico) se lleva una parte. Y de lo que queda limpio al final, se lleva otra mayor. Si nosotros no trabajamos, la máquina se para. Los políticos, los Estados (en genérico) no producen nada. Son un mero gasto.
Toda esa riqueza, fruto de nuestro esfuerzo, que el Estado se lleva porque sí, es administrada por unos señores que cobran por ello. Estos señores, que técnicamente nosotros escogemos cada cuatro años para representarnos (aunque los tengamos que escoger por lotes que necesariamente incluyen algún chollo, pero también forros de aúpa), toman decisiones en nuestro nombre y deciden qué es lo mejor que se puede hacer con ella. Estos señores adquieren el compromiso de servirnos y trabajar por nuestro bien. Ostentan el poder para poder ejercer el gobierno.
Pero resulta que esos señores, en realidad, a quien sirven es a unas organizaciones cuya único objetivo es conseguir poner a sus miembros en situación de ostentar el poder, con lo cual faltan a su compromiso de servirnos y velar por nuestros intereses. A quién se deben, en realidad, es a su partido. A tal punto llega la cosa que, a la hora de elegir la mejor opción para el pueblo que les ha nombrado sus representantes, estos señores escogen obligatoriamente la opción que su organización les indica. No votan como personas, sino como parte de una masa uniforme con nombre de partido político. En caso contrario se ven normalmente obligados a prescindir de los cargos para los que, técnicamente, el pueblo les ha escogido, y de la oportunidad de volver a ejercerlos en el futuro.
Como decía, estos señores toman decisiones que nos afectan en nuestras cosas más íntimas, limitan nuestra libertad, nos fijan responsabilidades y deberes que debemos aceptar so pena de cárcel. En definitiva, pintan nuestro futuro.
Su posición, y su acceso al poder, suponen una tentación tan importante para muchos de ellos, que terminan faltando deliberadamente a su compromiso y actuando únicamente en su propio beneficio de forma ilícita. Estos son unos corruptos, unos delincuentes dolosos y, cuando de vez en cuando son descubiertos, se ven abocados al código penal.
Pero en todas las ocasiones, estos señores, los políticos, toman decisiones de hondo calado, que pueden ocasionar serias consecuencias a quienes dependen de ellas, hasta el punto de condicionar el desarrollo económico de un país durante generaciones. Ellos son quienes definen materias tan sensibles como el nivel educativo de una generación entera, quienes deben asegurar la asistencia sanitaria y social futura, quienes deben apoyar el desarrollo de las comarcas, quienes deben facilitar el desarrollo empresarial y el acceso a los mercados, quienes deben asegurar el valor de la moneda, etc. Eso obliga a tomar decisiones que no siempre son las más inmediatas y por tanto son contraproducentes a los intereses de las organizaciones que los mantienen en sus cargos, y eso lleva a que no siempre se tomen las decisiones adecuadas.
¿Qué ocurre en esos casos? ¿Qué ocurre cuando un político lo hace mal? ¿Cuándo se equivoca?
Si un profesional se equivoca debe responder de las consecuencias. Los médicos responden personalmente de los errores que cometen en los quirófanos. Los ingenieros van a la cárcel si se les cae una presa. Los conductores de un autobús que se estrella lo pagan, si la causa ha sido su distracción. ¿Pero de qué errores responde un político?
Normalmente su única responsabilidad termina en las siguientes elecciones, en las que, si lo ha hecho rematadamente mal, puede que no lo vuelvan a elegir y entonces se marche a su casa con una pensión vitalicia, o se coloque de asesor de algún empresario agradecido, o se dedique a dar conferencias subvencionadas. Y cuánto más importante sea el político, y en mayor disposición de cargarse un país esté, menores son las consecuencias que sus errores le reportan.
Un político puede arruinar un país o una ciudad, y marcharse a su casa tan tranquilo. Puede tomar decisiones concretas, que afecten a personas concretas causándoles un perjuicio, porque lo peor que le sucederá será que un juez obligará al organismo que represente a pagar una indemnización, que se abonará con dinero procedente de las arcas públicas. Es decir, con dinero de los propios afectados.
Un político puede poner el dinero en arreglar un despacho en vez de en iluminar un cruce, porque nunca le afectará que en ese cruce mañana atropellen a alguien.
Un político puede decidir subvencionar una película que nadie va a ver, en vez de comprar una máquina de rayos X para que los ciudadanos que pagan impuestos de una comarca entera no tengan que desplazarse kilómetros para hacerse una radiografía, porque a él lo seguirán invitando a las galas y a las premieres, y el ciudadano va a seguir pagando impuestos.
Es imposible que esto vaya a cambiar, porque los únicos que podrían hacerlo son los propios políticos. Y en estas cosas no hay colores. Son todos iguales, independientemente del partido, de la Administración que representen, o de la geografía que ocupen. Ellos no van a tirarse piedras contra su propio tejado.
La única forma que existe para revertir esta tendencia es conseguir que la gente lea, se informe, tenga su propia opinión razonada de forma independiente. Y darle después la opción de participar directamente en las decisiones que le afecten. Devolver verdaderamente el poder al pueblo.
Yo creo que quienes deben tomar una decisión son los que saben del tema. Si quiero enterarme de si la presión fiscal es realmente elevada en España, le pregunto a varios economistas, no a un sargento de la Guardia Civil. Y si necesito una opinión sobre mi estado de salud, voy a un médico, no a una pescadería.
Estoy convencido de que los colectivos profesionales pueden aportar mucho al gobierno de un país, pero no a través de sus órganos de representación, que seguramente estén plagados también de políticos, sino a través de la consulta y la participación directa. Hoy en día las tecnologías permiten certificar la identidad de las personas a distancia, y comunicarse de forma inmediata con cualquier persona. ¿Por qué los políticos no se dejan asesorar por lo que entienden? ¿Por qué no se implica más a los técnicos?
Desde luego esto es sólo un concepto. No es una solución definitiva, porque la verdad absoluta no existe o no se puede distinguir, y todo es opinable. Pero estoy seguro de que sería un paso adelante en muchos temas, y que, al menos, la sociedad estaría un poco más ilusionada si le preguntasen sobre lo que sabe y le importa.
Hay otras cuestiones en el artículo que me hubiese gustado comentar, pero al final ha salido esto, y creo que ya es lo suficientemente largo.
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