Cada día me siento menos esperanzado en el mundo. Esto pinta mal. Muy mal. Y los que se suponen que nos deberían sacar del lío son incapaces de la más mínima autocrítica, y claro, a base de echar balones fuera, poco vamos a conseguir.
El G20 se ha reunido en Estados Unidos y ha establecido las bases para la reforma del sistema financiero mundial, con el objeto de evitar que se repitan desmoronamientos en cadena como el que desde hace un par de años nos ha venido sumiendo en esta tremenda crisis de hoy en día. Los asesores de los presidentes y los ministros de economía de los principales factores económicos mundiales se han pasado meses devanándose los sesos tratando de encontrar las fórmulas más adecuadas para asegurar un equilibrio duradero. ¿Y a qué han llegado?
Pues han llegado a los consabidos lugares comunes sobre la necesidad de armonizar políticas encaminadas a un desarrollo sostenible y duradero, que huya de los fuertes vaivenes de la economía, tanto al alza como a la baja. Se comprometen a convertir el G20 en el Foro de referencia para la cooperación económica, en el que darán cabida a los países emergentes para potenciar su desarrollo.
También acuerdan revisar y sincronizar sus políticas energéticas, apoyando el desarrollo de las energías limpias, la transparencia y estabilidad de los mercados, encaminándose hacia un desarrollo más sostenible y "más verde".
Se emplazan para dos nuevas reuniones en 2010. Dos nuevos circos, uno en Canadá en junio y otro en Korea en noviembre.
Todo vaguedad y todo inconcreción y corrección política. La salsa de ZP.
Pero acuerdan algo más. Cito textualmente el prólogo de la declaración final de la cumbre:
"Acordamos asegurarnos de que nuestros sistemas regulatorios para bancos y otras empresas financieras ejerzan un estricto control sobre los excesos que llevaron a la crisis. Donde los comportamientos temerarios y la falta de responsabilidad condujeron a la crisis, no permitiremos un regreso a los mismos modelos de banca"
Yo no me he leído la declaración entera, pero si hacemos caso a la prensa, esto significa en una primera instancia, el acuerdo para limitar los bonus de los directivos de las grandes empresas financieras. Es decir, los banqueros son los culpables de la crisis y lo van a pagar. Ese es el mensaje que parecen querer hacer llegar a la opinión pública, los altos mandatarios mundiales.
En la nota publicada por el G20 no se hace ni una mínima mención a las posibles decisiones políticas equivocadas que se hayan podido tomar, ni a la connivencia del poder político con los tejemanejes de esos directivos de las empresas financieras, que inundaron el mundo de créditos fáciles, hinchando el precio de las cosas sin respaldarse en un valor real.
Según la nota, el G20 nos va a sacar de la crisis porque sólo ellos van a poder tomar todas las medidas necesarias, y porque todas serán las correctas.
Yo no quiero decir que la banca no haya tenido parte de culpa, pero la banca participa en un juego cuyas reglas definen los políticos. La banca hizo su negocio con su dinero, y los políticos vivieron al rebufo de la aparente prosperidad sin decir ni pío. Posteriormente los políticos fueron los que tomaron la decisión de respaldar con dinero público (dinero de todos) a las grandes corporaciones, haciendonos pagar por las malas, la falsa abundancia de la que disfrutamos en el pasado. A fin de cuentas, eso es redistribuir riqueza. Unos viven por encima de sus posibilidades, y luego lo pagamos entre todos.
A la banca nadie la podrá acusar de engañar a nadie. Hay que ser muy inocente para pensar que un banco o una caja de ahorros te concede un crédito para hacerte un favor en un momento complicado. Los bancos son empresas enfocadas en ganar pasta, que prestan un servicio a cambio de una retribución, que cotizan en bolsa y que presentan públicamente sus cuentas año a año. Los políticos sin embargo pretenden hacerse pasar por servidores y sufridos funcionarios. Abnegados defensores del bien público que renuncian a su propio futuro por el bien de un país, y que tienen la mala costumbre de presentar un presupuesto al inicio del ejercicio, pero no justifican su incumplimiento al final del mismo. Hay que ser igualmente inocente para creérselo, pero es lo que nos pretenden vender.
Cuando un parado podía acudir a una oficina de un banco y pedir un crédito para ir de vacaciones a América, o pagar una televisión de plasma de tropecientas pulgadas en 36 plazos sin interés y sin ningún aval, nadie se quejaba de los bancos. Mucha gente sin apenas oficio ni beneficio se lanzaba a consumir a todo trapo. Ahora, a los que entonces procuraban ahorrar e invertir, les toca pagar aquellos excesos.
Y los políticos que entonces se enorgullecían del crecimiento de sus países al albur del creciente endeudamiento, sin atreverse a introducir ninguna limitación en aquel momento, no fuera a ser que los votantes no lo entendiesen y decidiesen votar a otro, y que ahora endosan a los asalariados la rémora de tener que pagar todo aquel dispendio, esos políticos digo, son los que ahora cargan las tintas contra los bancos.
Y yo me pregunto, si hay que limitar los bonus de los directivos, ¿qué tenemos que hacer con los de los políticos? Si se quiere que los bancos implementen medidas para recuperar los bonus pagados a sus directivos en caso de que su gestión sea dañina para el resto de agentes o el sistema en su conjunto, ¿qué debemos hacer para asegurarnos de que los políticos respondan de los efectos de sus decisiones populistas y cortoplacistas, encaminadas al único fin que contemplan que no va más allá de las próximas elecciones?
La cumbre del G20 pues, servirá una vez más para poca cosa. Unas cuantas fotos, muchas sonrisas entre los participantes, un poco de jaleo en el exterior, y mañana a seguir igual, que entre bomberos, ya se sabe qué no hay que hacer con las mangueras...
Friday, September 25, 2009
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