Monday, March 01, 2010

La viñeta de Erlich (El País, 01/03/2010)

Adjunto copia de la carta remitida a El País (cartas al director y al defensor del lector) en relación con la viñeta publicada hoy, lunes 1 de marzo de 2010, por el dibujante Erlich:

Quiero expresarle mi más profunda repulsa hacia la viñeta de ELRICH publicada hoy (01/03/2010) en El País. Tal vez no sea lo suficientemente inteligente como para entender su significado, pero me parece muy desacertada la idea de vincular los terremotos de Haití y Chile, a la voluntad de un Dios que "existe, y es de derechas". Es respetable cualquier disensión política y/o religiosa, pero publicar y dar cobertura a una afirmación tan falaz es demagogia de muy mal gusto. No voy a entrar en la discusión tan manida de las ideologías políticas ni de la moralidad de las religiones, pero no creo que ningún partido "de derechas", ni ningún miembro de la iglesia católica (o de cualquier otra) se haya alegrado de tan funestos acontecimientos, ni se haya postulado en contra de prestar de forma urgente toda la ayuda posible y necesaria en ambos casos. Por tanto creo que ni el hecho en si mismo de los terremotos, ni el alcance de sus consecuencias, tengan nada que ver con las ideas políticas y creencias religiosas del resto de la humanidad, y por tanto esa viñeta antes referida, supone un ataque gratuito e injustificado contra un sector de la sociedad, y por lo deliberadamente infundada, ignominiosa y tendenciosa supone, no un ejercicio de la libertad de expresión, sino un insulto y una manifestación totalmente opuesta a lo que debería representar la libertad democrática, que es el respeto a todas las ideas y posiciones.


Hasta aquí el texto de la carta, porque por motivos de espacio no es posible extenderse más en las cartas que uno envía a la prensa, pero como este blog es mío y puedo escribir sin límite, voy a explayarme.

Al amparo de la libertad de expresión, todos sabemos que hay multitud de caraduras que pretenden hacerse un nombre a base de provocar. Simplemente provocar.
Esto se da especialmente entre los pseudo artistas que no llegan a ningún lugar por su técnica, su creatividad o su genialidad, y se tienen que dedicar a insultar a determinados sectores, que a los ojos de la progresía culilamiente son, ¿cómo decirlo?, más retrógrados, más cavernícolas.

Ellos se denominan a si mismos, precisamente, provocadores. Se justifican defendiendo que el arte debe ser provocación, que el arte debe ser ruptura, que el arte debe ser transgresión. Y ellos mismos se sitúan en un plano superior, atribuyéndose esas cualidades.

Lo que no se dan cuenta es que el arte transgresor, el arte provocador y el arte rompedor es el arte que, cuando uno se lo enfrenta, te obliga a replantearte conceptos más profundos. Es el arte que no te deja indiferente, pero no por la vía de la ofensa gratuita o el puro morbo, sino por la vía de la conciencia. El arte transgresor es el arte que mueve conciencias, no el que calienta las orejas.

En esta línea estamos acostumbrados a ver de cuando en cuando supuestos artistas que deciden expresarse de una forma simplemente soez. Supuestos artistas que utilizan la vía del sexo o la violencia para despertar el morbo. Supuestos artistas que buscan lo moderno en presentar a Jesús como un gay, a María como una prostituta, o en crucificar un cerdo.

En esta línea va la viñeta de Erlich, que aprovecha las terribles desgracias provocadas por los terremotos de Haití y Chile para meter el cazo en la marmita de la falsa progresía de salón y colgarse una medalla por unir, en una sóla viñeta, los grandilocuentes conceptos de Dios, derecha y desgracia (curiosamente los tres empiezan por "d").

Yo no digo que no pueda haber quien piense que la derecha, en nombre de Dios, ha provocado grandes desgracias. Ese no es el caso de hoy. Lo que sucede es que cuando uno ataca de una forma tan demagógica los valores de una parte de la sociedad con la que debe convivir de forma pacífica y democrática, debe por lo menos argumentar su acusación en algo un poco más sólido, algo sobre lo que se pueda discutir.

La connivencia del estado franquista con la alta jerarquía iglesia católica es un argumento que, si alguien quiere, puede rebatir apoyándose en gestas más laudables de la misma iglesia, pero que, en cualquier caso, tiene base y fundamento. Pero admitir que si los terremotos que suceden en el mundo, o cualquier otra desgracia natural, es debido a la voluntad de un Dios todopoderoso, pero que como es de derechas, es cruel y sanguinario es una bajeza difícil de superar.

Probablemente alguien quiera argumentar que el dibujante está en pleno derecho de expresarse libremente. Y sin duda lo está. Pero esta viñeta no es expresar una opinión, al menos una opinión democrática. Esta viñeta lo que quiere decir es que el dibujante desprecia a los creyentes en Dios, y a los votantes de derecha, simplemente por serlo.

Se que el dibujante no cree textualmente lo que afirma. Se que no piensa que existe un dios ultraderechista que ha enviado deliberadamente estos terremotos como una plaga bíblica sobre Haití y Chile. Se que el dibujante quiere hacer algún tipo de metáfora que no acabo de entender muy bien, en la que quiere unir los tres conceptos (Dios, derecha y desgracia), o burlarse de la derecha creyente por no saber dar respuesta en términos racionales a la pregunta de por qué existe la fatalidad. Pero en cualquier caso, me parece que la viñeta en cuestión es totalmente despreciable, y estoy seguro de que la mano que le dio forma y color, no se movía por casualidad.

Triste Erlich, y triste El País.

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