Wednesday, November 14, 2012

El problema de los desahucios

Nota del 12 de noviembre de 2012

Este es un tema complicado para comentar, porque hay mucha carga emocional alrededor y porque lo que pienso seguro que no es lo políticamente correcto, pero si no lo escribo no me quedo tranquilo.


Todo este tema de los desahucios es muy triste, pero creo que se están mezclando, como casi siempre, churras y merinas.

Lo primero es que no todos los desahucios que se computan son de familias humildes que han sido salpicadas por la desgracia y no pueden afrontar sus deudas a corto plazo, por lo que se ven abocadas a la calle por el capricho de una banca cruel y perversa que disfruta causando daño. No. Muchos desahucios corresponden a locales comerciales y a segundas (o terceras) residencias. Yo no tengo en mi poder el dato exacto y por eso no lo publico, pero sería de agradecer que los periodistas que informan de estos temas puntualizaran un poco más sus datos.

Aún así, está claro que muchas familias se ven desalojadas de sus casas, y que en muchas ocasiones se trata de familias muy desfavorecidas por el destino, con cargas adicionales, bajo nivel cultural o por lo menos, mejores intenciones que conocimientos. Muchas veces se trata de personas que han avalado a un familiar, o que han perdido trabajos después de muchos años en empresas de relativa solvencia. Personas que en su día seguramente no fueron conscientes del compromiso que adquirían junto con el préstamo, pero personas que también seguramente celebraron con alegría su concesión.

Está claro que el gobierno debe garantizar un mínimo básico de dignidad y asistencia social a sus ciudadanos, y que no es de recibo dejar a nadie sin comer o durmiendo en la calle, pero ¿es razonable cambiar las reglas cuando no nos gustan?

Es perfectamente entendible el argumento de los que defienden que si se han destinado millones de euros de los fondos públicos a financiar las necesidades de los bancos en crisis, debería exigirse a los bancos una flexibilidad semejante con los que por culpa de la misma crisis no pueden pagar ahora sus hipotecas. Es un argumento sólido y yo creo que es el que marca el buen camino a seguir. Flexibilizar. Dar una nueva oportunidad. Esperar un poco a que todo esto se resuelva, si es que se resuelve. A fin de cuentas, ¿de qué le sirven a los bancos esas viviendas, si saben que no las van a poder vender porque nadie las va a querer comprar? ¿Qué gana el banco dando el deudor por fallido?

Ahora bien, ir más allá ya no me parece razonable. Tal vez sirva de alivio a corto plazo a los que hoy están pasándolas canutas, pero a medio plazo me parece contraproducente. Hay que tener en cuenta que una hipoteca no es un leasing en el que vamos pagando a plazos una propiedad que no es nuestra, sino que es un préstamo a bajo interés para el que se establecen una serie de garantías que, si no se hace frente al pago de la deuda, se pueden embargar. Pero no como pago de la deuda sino como ejecución de las garantías que se dieron. Por eso precisamente, porque se dan esas garantías que teóricamente rebajan el riesgo de la inversión, los préstamos hipotecarios tienen unos intereses muy bajos. Pero si ahora se modifica la ley y las garantías dejan de ser ejecutables, el riesgo de la inversión que para un banco supone prestar tanto dinero se disparará y una de dos, o dejarán de conceder hipotecas, o subirán los diferenciales haciéndolas mucho más caras.

Más o menos lo mismo sucedería con la dación en pago, porque lo que al banco le interesa es cobrar puntualmente las cuotas de sus deudores, con sus intereses. No le interesa acumular inmuebles, porque no se dedican a eso. Al banco le interesa tener una serie de títulos con los que poder negociar, en los que poder invertir el dinero que nosotros les dejamos para cubrir nuestras jubilaciones en el futuro, o para hacer crecer nuestros ahorrillos, y para el que le exigimos rendimientos positivos.

Para los bancos las hipotecas deberían ser productos de bajo riesgo, porque para lo demás ya tienen los mercados de futuros, las bolsas, los países emergentes, etc. Convertir las hipotecas en activos de riesgo es hacerlas tóxicas y eso nos lleva otra vez al inicio de la crisis.

Así pues, si ahora cambiamos las reglas del juego, estaremos rompiendo la baraja y lo único que conseguiremos será cerrar el grifo más todavía y ahí es donde resulta importante el matiz que antes mencioné de soslayo. Todos los que hoy están en riesgo de desahucio, seguramente fueron muy felices cuando el banco les dijo sí y les dejó el dinero que necesitaban para comprarse su casa o el local para su negocio. Alguno incluso hincharía un poco las cifras para aprovechar y cambiar de coche o amueblar el piso entero. ¿Qué habría pasado si el banco les hubiese dicho que no, que no les daba el crédito porque no veía claro cómo lo iban a poder devolver?

Pero hay en este asunto un tema ya de naturaleza ética que me huele mal. Se trata del uso que se está haciendo de las noticias en prensa desde diferentes ámbitos de la escena social, como arma arrojadiza para meter presión al sistema, para desestabilizarlo.

El último extremo es el de los suicidios de personas que iban a ser desahuciadas. Yo tengo conocimiento de tres por los periódicos, el último en el País Vasco. En los tres casos se dio por hecho que los tres suicidios eran debidos al desahucio sin más. En ningún caso he tenido noticias del estado de salud mental previo de los difuntos ni de otras posibles causas.

En España en 2010, según el INE , se suicidaron 3.145 personas, es decir, unas 7 personas por cada 100.000 habitantes. Algunas fuentes citan que el número de desahucios en España ronda los 500 al día. Suponiendo que la cifra esté algo hinchada (vamos a considerar 350, que ya son un buen montón) y que se refiera solo a días laborables, estaríamos en torno a los 90.000 desahucios al año, con lo que estadísticamente, si suponemos una media de 3 personas afectadas por cada caso, tendríamos unos 270.000 afectados, que, con las estadísticas de 2010 equivaldrían a unos 19 suicidios. Eso dando por supuesto que el colectivo de personas afectadas por un desahucio no tenga una mayor propensión a quitarse la vida, ya que en ese caso la cifra que deberíamos esperar sería bastante mayor. Luego, o no estamos conociendo todos los casos, o no podemos hablar de una relación causa efecto, al menos en sentido negativo. En el mejor de los casos, faltan datos.

Sé que este análisis sonará muy frío pero creo que el tema es lo suficientemente serio y desgraciado como para no hacer análisis a bote pronto.

Que tres personas que seguramente estarán pasando una mala situación económica, por lo menos, se suiciden ante la inminencia de un desahucio es algo muy triste pero que no debería extrañarnos. Desgraciadamente hay mucha otra gente que llega a la misma conclusión a través de muchos otros caminos. Pero por fortuna hay muchísima más gente que ante esa misma situación reaccionará con fuerza y coraje, con la ayuda de sus familias, con empuje y con fe y tratará de salir adelante. Y la mayoría lo logrará.

Que toda esa gente que lo pasa mal necesite de la solidaridad de todos es imprescindible.

Que las leyes deban ser continuamente revisadas para tratar de mejorarlas es imperativo.

Que el Estado y la sociedad generen los instrumentos necesarios para poder hacer frente a una situación como la actual, de crisis, de paro y de necesidad, que afecta a tanta gente, es un objetivo fundamental.

Pero que las leyes se reformen a base de decretazo por la mera presión mediática de unas noticias tan dresgraciadas como probablemente mal ponderadas, no es ni bueno, ni necesario. Tan poco conveniente como no hacer absolutamente nada.

Así que solo pido mesura y perspectiva. Aunque sea mucho pedir.

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